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Curso de verano en la fábrica de lanas San Ildefonso

En unas vacaciones de verano, estuve de voluntaria en un curso de verano para los hijos de los trabajadores de una fábrica textil.  Les daba clase a los niños  de cómo hacer cuadros  con lana, y mientras los hacíamos los entretenía contándoles cuentos,  pero me enfocaba mucho en sensibilizarlos, ya que me habían platicado que existía entre los niños de esa zona mucho bullying.

Había un niño que al igual que yo no tenía un ojo. Después de varios días de asistir, fue que me platicaron de el; que siempre se escondía, no se integraba, y no convivía con sus compañeros ya que toda su vida fue abusado por los demás.  Lo que hice fue que los reunieron a todos, y les expliqué lo que era la discapacidad. Les platiqué de mi, de mis problemas de salud, que mi discapacidad no me dolía físicamente, pero que si me dolia en mi corazón cuando me molestaban, o me insultaban o me despreciaban. Y de poco a poco, a medida que pasaban los días, este niño se fue integrando.

Todos estuvimos felices. Cuando llegaba, me gritaban, los más pequeños me agarraban de las manos, me regalaban cosas, querían estar muy cerca de mi. Querían saber si ya los reconocía por sus voces, querían que trabajara con ellos, y todos los días me preguntaban si iba a regresar.

Esto demuestra que las personas con discapacidad también podemos ayudar. No podré jugar fútbol, no podré bricar la reata, o algunas otras cosas más, pero mi fortaleza es el hablar y comunicarme con los demás.

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