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Estudios

De pequeña iba a un colegio, que cuando acabé secundaria me tuve que salir porque el programa de estudios no podía hacer adecuaciones curriculares. Mi mamá quiso que entrara en otro colegio para acabar preparatoria, pero yo no quería porque sufrí mucho bullying en la anterior. Me convenció que por lo menos fuera todo un mes, y que después hablaríamos. Estaba completamente segura que no me iba a gustar, pero no me esperé a que acabara el mes y ya le había dicho a mi mamá que estaba feliz. Fueron los dos años más felices de mi vida escolar con amigas que me trataban como igual, rodeada de niños pequeños que me querían mucho.

Al graduarme de preparatoria,  mis papás encontraron un programa de integración a la discapacidad en la Universidad Iberoamericana. Se llama “Somos Uno Más”, es de inclusión y está bastante bien.

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Ahí me ayudaron a encontrar mi camino, y estuve preparándome para dar conferencias, tomando clases de investigación de contenidos, de metodología, redacción,  y oratoria. Además estuve en una materia de creación de cuentos infantiles, donde me enseñaron a desarrollar mi imaginación y escribir cuentos para niños chiquitos. Eso y pintar es lo que más me gustaba de la universidad. Estuve ahí un año y medio, porque en febrero de 2016 entre mis papás, mi terapeuta emocional y yo,   decidimos darme de baja. Todos los chavos del programa tienen discapacidad intelectual, cosa que yo no tengo, por lo que me integraban a clases regulares, pero no me sentía cómoda por mis discapacidades. Estaba como entre dos mundos.

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